
Buscaba otros mares, otras tierras, otros caminos
otros cielos, distintas constelaciones
creía buscar el mundo fuera de tí:
auroras boreales, océanos helados.
Anhelaba saber, viajar, hoyar nuevas rutas
lenguas, razas, colores.
Creí que deseaba desatar mi alma viajera,
darle la vuelta al mundo,
sentir la brisa de la libertad en mi cara,
dormir bajo otras estrellas,
caminar polvorientos senderos,
solitarios y yermos campos,
verdes y fecundas praderas.
Mas… ¡cuán equivocado estaba!
aquellos mares, aquellas tierras, aquellos caminos
aquellos cielos y constelaciones
el mundo entero, todas sus gentes y sus lenguas
los había hallado ya en tus ojos.
Todo era en ti: todo es en ti.
Cuando caí en la cuenta,
era ya tarde para recorrer tu geografía,
tu hermosa geografía latiente,
tus valles, tus páramos, tus barrancos y caminos.
Mi alma errante deseaba viajarte,
penetrar en lo recóndito de tu topografía hermosa
paladearte, verte, sentirte, caminarte,
seguir tus derrotreros
(mi brújula orientada a tu norte).
Mas mi barca se encuentra ahora encallada
en las cortantes aristas de tu olvido
haciendo aguas que no consigo achicar
el agua hasta el cuello,
ahogándome lentamente en el océano de tu pasado.
Sólo me queda esta triste bitácora
en cuyo cuaderno llorar palabras ya sin sentido,
y mi astrolabio buscando tu estrella
ansiando reencontrar mi rumbo (hacia ti),
henchidas las velas hacia tu puerto.
Todo es en ti, mi mundo es en ti:
en tus ojos, mujer.