Paso algunas mañanas sentado en el banco de la Calle Real. Un pensamiento recurrente cuando veo a todas esas personas que caminan frente a mi, es la absoluta indiferencia con que sus vidas discurren sin tener idea alguna de mi presencia y sin que yo haya reparado en la suya, hasta que lo hago. No deja de ser curioso como la existencia o no de las cosas depende del conocimiento de ellas. ¿Ves aquella muchacha de la falda ajustada? Camina despreocupada observando los escaparates, ajena; ayer no era nadie y hoy es la muchacha que mira escaparates en la Calle Real; de igual modo, yo no soy nadie para ella (de momento).
La desexistencia tampoco existía hasta que he caído en ella.
Pero nada de esto me preocupa en exceso porque hoy no tengo ganas de existir sino para los mendigos y los músicos callejeros, así que permaneceré sentado en el banco de la Calle Real haciendo que la gente que camina exista para mi. Hoy desexisto.
Las Palmas de Gran Canaria, invierno de 2009.
