Buenas tardes. El destino de ese tren está en blanco... ¿a dónde va?
A Ningún Lugar.
¿No va a ningún lugar?
No, a ningún lugar, no: a Ningún Lugar.
Por favor, deme un billete de primera clase.
El viajero subió al vagón en el momento preciso en el que comenzaban a cerrarse las puertas y el silbato anunciaba el inicio de la marcha. Se sacudió la lluvia del sombrero y la gabardina, soltó la maleta y se sentó junto al cristal viselado de gotas de lluvia.
Era el único pasajero. La estación se alejaba.
Strasbourg, otoño de 2010.
