lunes, 27 de abril de 2009

No soy poeta.




Dejo de escribir, aquí y ahora.

¿A quien interesan dolor y delirio?
¿Quien ansía desvarío?

Soy sólo una mente trasnochada,
harta ya de visitar lugares comunes
y vomitarlos en el papel,
contaminando la pureza con negra bilis.

La pluma detesta ya toda inmundicia
que un cerebro astroso y mugriento le dicta,
y pide a gritos el suicido literario:
que el poeta fenezca antes del alumbramiento.

Beber las lágrimas,
contener el lamento,
trasiego de duelos sin significado,
ebriedad de deterioro esencial.

Todo eso, si:
todo eso y más,
mas no en estas páginas:
no merecen tanto despojo.


Ellas carecen de culpa.

Como tú.